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Movimientos sociales y la construcción de una Inte...

Movimientos sociales y la construcción de una Internet feminista

La comunicación es una estrategia central de los movimientos que les permite sistematizar y transmitir sus reivindicaciones, documentar sus acciones, generar masa crítica de respaldo, e instalar sus temas en la agenda pública. Podríamos pensar que todos nos conectamos a la misma red, que Internet es la misma para todas las personas del mundo. Y que existe una suerte de “poder democratizador” en el hecho de que todos los actores contemos con las mismas herramientas para comunicarnos en línea. Sin embargo, hoy tenemos una Internet concentrada, vigilada y machista que expulsa a un sector muy específico de la sociedad del territorio digital. La construcción de una Internet feminista resulta imprescindible para sentar las bases de un sistema que no se sostenga sobre un género dominante sobre los otros.

Nuevos movimientos sociales: la afirmación de identidades como resistencia

El surgimiento de una nueva serie de movimientos sociales a partir de la segunda mitad del siglo XX dejó en evidencia que algo había cambiado. Necesitábamos nuevos recursos para comprender la acción colectiva. Surgió entonces el paradigma de los “nuevos movimientos sociales” (NMS) como un intento de dar respuesta a toda una serie de reivindicaciones colectivas que rechazaban las maneras en las que sus predecesores se organizaban y actuaban. Las maneras de desafiar al status quo de expresiones como el movimiento hippie, los movimientos feministas y LGTBI, o el movimiento ecologista, por ejemplo, eran completamente distintas a los movimientos obreros de masas.

A grandes rasgos, esto significó, a su vez, que las grandes ideologías que se habían articulado al movimiento obrero dejaron de ser los marcos medulares de interpretación de la realidad. Los movimientos ya no se identificaban como comunistas o socialistas, como identidad primaria, sino que eran feministas, ecologistas, gay, etc. [1] Los nuevos movimientos sociales se articulaban ahora alrededor de identidades transversales antes que de ideologías heredadas de fines del siglo XIX y principios del XX. Esta articulación tenía impacto no sólo en términos colectivos, en cómo se posicionaba el movimiento, sino también en la construcción y reafirmación de las identidades individuales de quienes participaban en ellos. Las maneras de reivindicar también pasaron a la esfera privada: reciclando, usando anticonceptivos, “saliendo del clóset”, etc. Es decir, también habían cambiado las pautas de organización y movilización. Ahora, tanto la agencia colectiva como la individual estaban guiadas por una serie de principios que constituían la sociedad por la cual se luchaba.

Pero a principios del siglo XXI empezamos a observar otra serie de cambios en los movimientos sociales autónomos relacionados al uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación digitales. No sólo los movimientos sociales comenzaron a utilizar Internet y las TIC en general como canal de comunicación, sino como manifestaciones de organización política en línea. Todavía no hay consenso entre la comunidad académica (las discusiones entre los optimistas y los pesimistas siguen dividiendo la literatura en estos temas) sobre si esto constituye un nuevo paradigma o si tan solo profundizan las características que ya tenían los nuevos movimientos sociales. Pero lo cierto es que hoy no podemos eliminar la variable de tecnologías y comunicación en el estudio de los movimientos sociales.

¿Qué Internet tenemos? Una Internet concentrada, vigilada y machista

La penetración de las tecnologías digitales en la vida cotidiana se profundizó de tal manera en la última década que la gran cantidad de datos que generan nuestras interacciones -incluso sin nuestro consentimiento- se convirtió en una mina de oro tanto para las pocas empresas que dominan el mercado de las TIC digitales a nivel global, como para los gobiernos obsesionados con el control de sus ciudadanos. Las TIC digitales se convirtieron en herramientas de dominio y control [2]. Así, gran parte del trabajo del sector de las telecomunicaciones está ahora dedicado a la recolección, procesamiento y almacenamiento de toda esta información que, según ellos, podría ayudar a mejorar la comprensión sobre el comportamiento humano e, incluso, predecirlo.

Existen tres grandes tendencias que moldean Internet tal y como la conocemos hoy: la concentración, la vigilancia, y la violencia machista.

  1. Una Internet concentrada en todas sus capas. De acuerdo al Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia [3], la concentración de Internet puede medirse de acuerdo a un modelo que “(…) agrupa los servicios, basados en la concentración, ya sea de la propiedad, los usuarios o el tráfico de Internet, a través de 7 capas o categorías” y que comprenden a los proveedores físicos de dominio y hosting; a los proveedores de servicios y contenidos; a los proveedores de plataformas (sistemas operativos y software); a los creadores y productores de contenidos; a los proveedores CDNs; a los proveedores de colectividad de gran capacidad; y a los proveedores de Última Milla – ISP. En cada una de estas siete capas podemos encontrar un número muy limitado de actores predominantes a nivel mundial. Incluso administrando recursos críticos de Internet. Si durante décadas el reclamo del sector popular que exigía garantías al derecho a la comunicación había sido el acceso a licencias y la democratización del sistema de medios, hoy esos reclamos deben, necesariamente, trasladarse a Internet y las TIC digitales.
  2. Una Internet vigilada. La privatización de Internet favoreció enormemente la posibilidad de rastrear, procesar y almacenar todos los metadatos que generan nuestras interacciones en la red, incluso, sin nuestro consentimiento. Para los Estados esto significó la posibilidad de mantener un férreo control sobre ciudadanos que eran objeto de investigaciones, pero, sobre todo, sobre la ciudadanía en general (como nos demostró la divulgación del Programa Prism de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos). Para el sector privado, en especial las empresas tecnológicas (desde las que ofrecen plataformas y servicios tecnológicos, hasta las que tienen un modelo basado en la venta minorista), significó la posibilidad de segmentar la audiencia al máximo para conocer lo que cada cliente quería, incluso, antes de que la persona lo supiera. Además, compañías como Google acumulan tal cantidad de datos como fruto de su posición predominante en varios sectores como el de los buscadores o los sistemas operativos de dispositivos móviles, que tienen a su alcance una enorme cantidad de datos que les permiten establecer tendencias sociales y elaborar predicciones a partir de ellas. Eso es poder.
  3. Una Internet machista. Resulta imperioso que las mujeres accedamos a Internet para poder expresarnos, conectarnos entre nosotras y difundir nuestras reivindicaciones. Los datos del acceso de Internet de las mujeres, niñas y jóvenes son alarmantes. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la brecha digital de género, es decir, la diferencia entre la tasa de penetración de Internet entre hombres y mujeres, a nivel mundial en 2016 es del 12%: “[l]as desigualdades estructurales en alfabetización, educación, empleo y nivel de ingresos han contribuido a la brecha digital de género: 31% en países pobres, 16,8% en países en desarrollo y 2,8% en el mundo desarrollado» [4].

Pero, además, una vez que las mujeres acceden a Internet, hay otro factor que condiciona su existencia digital. “Si coincidimos en que el mundo digital está construido socialmente, entonces las normas de género, los estereotipos y la desigualdad existente en el mundo desconectado y en los que tiene raíz la violencia contra las mujeres, pueden ser replicadas en línea”, explican Flavia Fascendi y Kateřina Fialová en el informe “Voces desde los espacios digitales: violencia contra las mujeres relacionada con tecnología” publicado por APC [5]. ¿Qué es la violencia contra las mujeres relacionada con tecnología? Según ONU Mujeres y la Comisión de Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible, en el informe Ciberviolencia contra mujeres y niñas. Una llamada mundial para la acción, elaborado junto a la Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible, la definen como todas aquellas maneras en las que las TIC “exacerban, magnifican o transmiten” cualquier “acto de violencia de género que resulte o es probable que resulte, en daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico de las mujeres” [6].

¿Qué Internet tiene una mujer madre indígena defensora del territorio que no habla inglés y el castellano es su segundo idioma? Por lo pronto, una Internet muy distinta a la que puede acceder un hombre, blanco, de clase media, educado y que vive en un país rico.

¿Qué Internet queremos? Internet feminista

Entonces, ¿qué Internet necesitamos para la construcción de nuestra Identidad y nuestra acción colectiva? La respuesta es: una Internet feminista. La construcción de una Internet feminista es un reclamo que organizaciones de mujeres y una parte del sector de la sociedad civil vienen impulsando desde los distintos espacios de gobernanza de Internet.

En 2014, APC redactó colectivamente los Principios Feministas de Internet [7], entre los que defienden el cuestiona miento a la lógica del capitalismo neoliberal que domina Internet como estrategia “fundamental para desestabilizar y desmantelar el poder económico que quiere apropiarse de Internet, y crear alternativas a dicho poder basadas en los principios de los intereses colectivos, la solidaridad y la apertura” [8]; así como el derecho a la libertad, la privacidad, el código abierto, que garanticen el carácter transformador de una Internet entendida como espacio público.

Las estrategias deben ser múltiples, simultáneas y masivas. Debemos trabajar para construir infraestructuras autónomas feministas que den alojamiento seguro a todas las comunicaciones de los movimientos feministas; visibilizar los aportes de las mujeres al desarrollo de las TIC; garantizar el acceso de todas las mujeres a Internet; luchar contra la violencia machista en línea empezando por, al menos, mitigar sus manifestaciones más concretas y avanzar en la gobernanza en favor de las mujeres; o impulsar los principios de soberanía tecnológica feminista. En definitiva, se trata de que Internet nos ayude a impulsar y difundir nuestras luchas, y a construir redes para acabar con el sistema patriarcal y construir otra sociedad que se sostenga sobre la base de relaciones sociales igualitarias.

 

Foto : Principios feministas de Internet, feministinternet.org

 


NOTAS
[1] Johnston, Hank, Laraña, Enrique, y Gusfield, Joseph, (1994). “Identidades, ideologías y vida cotidiana en los nuevos movimientos sociales” en Gusfield, Joseph, y Laraña, Enrique, (coords.), (2014). Los nuevos movimientos sociales. De la ideología a la identidad. Madrid: CIS, pp. 3-42.
[2] Alcántara, J., (2008). La sociedad de control: privacidad, propiedad intelectual y el futuro de la libertad. Barcelona: El Cobre Ediciones.
[3] Levy, Gabriel, y Urquijo Morales, Sergio, (2016, 18 abril), “Concentración en internet: un asunto de capas” en Observacom, en línea: http://www.observacom.org/concentracion-en-internet-un-asunto-de-capas/
[4] UIT (2016), “Acceso a las tecnologías de la información y la comunicación para la igualdad de género” en ITUMagazine, abril 2016, en línea: http://www.itu.int/en/itunews/Documents/2016-04/2016_ITUNews04-es.pdf
[5] Fascendi, Flavia y Fialova, Kateřina, (2011), Voices from digital spaces: Technology related violence against women, APC, en línea: https://www.apc.org/en/system/files/APCWNSP_MDG3advocacypaper_full_2011_EN_0.pdf
[6] ONU Mujeres y Comisión de Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible (2015), Cyber-violence against Women and Girls. A wake-up Call to Action, ONU Mujeres, en línea: https://www.broadbandcommission.org/publications/Pages/bb-and-gender-2015.aspx
[7] Para leer los Principios feministas de Internet visitar http://www.genderit.org/es/articles/principios-feministas-para-internet
[8] Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (2014), Principios feministas de Internet, en línea: http://feministinternet.net/

REFERENCIAS
Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (2013), Global Information Society Watch. Women’s rights, gender and ICTs, APE e Hivos, dirección URL: http://giswatch.org/sites/default/files/gisw13_chapters.pdf
Benkler, Yochai, (2003). “La economía política del procomún”, en Novática: Revista de la Asociación de Técnicos de Informática, (163), 6-9.
Benkler, Yochai, (2006). The wealth of networks: How social production transforms markets and freedom. Yale University Press.

Inés Binder

INÉS BINDER est bachelière en communication sociale de l’Université de Buenos Aires et détient une maîtrise en science politique de l’Université de Salamanca. Elle fait partie de l’équipe du Centre de productions radiophoniques du CEPPAS, du CEPPAS-GT et de Ciberfeministas (cyberféministes) Guatemala.